El avance de la tecnología y la hiperconectividad esconden una cara cada vez más oscura y preocupante. Según un relevamiento internacional de UNICEF, casi uno de cada cinco niños y niñas que usan internet sufren explotación o abuso sexual facilitado por las plataformas digitales, y en una gran cantidad de los casos los agresores son personas que ya formaban parte de su entorno.
La investigación titulada Disrupting Harm, llevada adelante en 21 países de distintas regiones del mundo, pone blanco sobre negro respecto a un flagelo que se propaga a gran velocidad frente a la mirada atónita de las familias y la lentitud de los Estados.
El mapa del peligro: las plataformas bajo la lupa
El informe detalla que las redes sociales concentran el 60% de los casos de explotación y abuso contra menores. El ranking de la exposición no deseada, el acoso y la extorsión virtual está encabezado por:
Facebook (50%)
WhatsApp (29%)
Instagram (24%)
Snapchat (13%)
TikTok (12%)
A esto se le suma otro terreno fértil para los abusadores: los juegos en línea, espacios donde los chicos interactúan sin la supervisión adecuada y quedan expuestos a solicitudes de índole sexual o a la extorsión de imágenes en contra de su voluntad.
Las barreras del silencio y el rol del Estado
En diálogo sobre este escenario, Sara Antillón, integrante de UNICEF México, detalló los motivos principales por los cuales este delito continúa operando en una zona de sombras, empezando por el profundo silencio de las víctimas.
"Muchos niños y niñas no se lo cuentan a nadie. La primera barrera es que no tienen confianza o no saben muy bien si lo que les pasó es algo que se tendría que perseguir o, por el contrario, creen que los van a juzgar, sobre todo las personas adultas", precisó Antillón.
A la falta de diálogo se le suma un mecanismo de manipulación y coerción sumamente eficaz por parte de los atacantes: el círculo de amenazas. “Era como si les dijeran: ‘si tú lo dices, voy a aumentar la violencia’. Eso hacía que tuvieran más miedo de parar lo que estaba sucediendo”, explicó la especialista.
El panorama se completa con una falencia institucional alarmante: cuando los casos logran sortear el miedo y llegan a las instancias de denuncia —una proporción ínfima, menos del 1%—, los organismos de respuesta no están preparados. Los circuitos judiciales y de asistencia suelen estar diseñados exclusivamente para adultos y no contemplan la especificidad del delito digital.
Acompañamiento, vínculos y el desafío de la Inteligencia Artificial
Frente a la prohibición lisa y llana, desde UNICEF insisten en que la clave pasa por fortalecer los vínculos de confianza con los menores y mejorar de manera urgente el acompañamiento integral.
Asimismo, advierten que la legislación corre muy por detrás de la innovación tecnológica: la inteligencia artificial y las nuevas herramientas ya plantean riesgos que no están siendo regulados de forma adecuada.
Por último, el organismo internacional hizo un fuerte llamado de atención dirigido a las grandes empresas tecnológicas, exigiéndoles mayor responsabilidad corporativa para que diseñen plataformas intrínsecamente seguras para las infancias y adolescencias.
Fuente: Paola Ariza